Muerta de frío llegué a la puerta de la Sala Heineken que lucía una linda e inmensa cola, noche importante, noche de reunión. Dentro había poca gente, no eran ni las nueve pero ya habían empezado a tocar los teloneros, Supra. Rown, cantante también de Infernoise; Leo Jiménez, con la guitarra, y Chus Maestro, de Hybrid, a la batería. Patricio, el bajista de Stravagazza, les acompañaba ya que César Arroyo y Rufo no pudieron acudir a la cita.Su voz de ultratumba fue animando al público a la vez que la sala se iba llenando. Poco después saltó a la pista la banda original de Muro, compuesta por Silver, El largo, Lapi y Julito. Muchos recuerdos y muchos viejos conocidos en la pista. Jóvenes y no tan jóvenes no daban descanso a sus melenas (los afortunados que todavía la conservan) y las movían al ritmo de la música.
En este primer concierto de la gira “Por un puñado de dólares” no salieron, como suelen hacer, bajo el grito de: “La banda más dura, el grupo más duro ¿es…? ¡Sí, Muro!”. Pero demostraron que lo siguen siendo tras casi 25 años en los escenarios. Recordaron varias de sus etapas con canciones como ‘Telón de acero’ y ‘Sólo en la oscuridad’. Aunque el disco con mayor protagonismo fue el primero, Acero y sangre: ‘Ciclón’, ‘Traidor’, ‘Mata’…
Silver se tiró dos veces al público y agradeció, en nombre de todos, a la gente que había venido desde otras ciudades; en especial al ‘holandés errante’, un tío altísimo mezcla entre rubio y pelirrojo que sonreía sin parar. Como es habitual, terminaron con ‘Mirada asesina’, aunque esta vez no la modificó a ‘Mira a la vecina’, como suele hacer, cosa que sí que hizo parte del público. La despedida, cuernos en alto, hasta la próxima gira-reunión.
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