Volvió Sabina por sus fueros. El cantante de Úbeda presentaba la noche del martes su nuevo disco, “Vinagre y Rosas”, en un abarrotado Palacio de Deportes de Madrid. Cita clave en el calendario de todos los ansiosos seguidores de Joaquín. La noche sería larga, casi tres horas en las que Sabina recuperó sus clásicos y presentó, sin demasiado acierto, las canciones de su nuevo álbum. Un concierto de dos caras en las que se echó de menos a Olga Román, la magdalena por excelencia.Con una Madrid pintado sobre el fondo del escenario y una banda con rostros de toda la vida y alguna novedad, Sabina se mostraba más en forma de lo que muchos podían esperar. Cuesta recordar un concierto tan largo del andaluz. Durante casi tres horas se repasó un setlist fornido y pensado en el que brillaron lindos clásicos como “Contigo” o “Sin embargo” y alguna joya perdida como “Peces de Ciudad” o “Llueve sobre mojado“.
Y el público entregado desde el principio tuvo su premio en forma de canciones, todas esas composiciones que con los años han ido formando la banda sonora de varias generaciones. Pocos jóvenes, aunque bastantes amantes de sus últimos singles. Sabina es Sabina, y ese personaje pesa mucho. En todo momento habló en verso, hilo con tino entre canción y canción para deleite de todos los admiradores del personaje de dardo venenoso y la lengua mordaz.
Pero las verdades pesan, quizá más que los años. Sabina lleva una década sin firmar un álbum a la altura de sus expectativas. Los años de “19 Días y 500 Noches” se ven lejanos. Ninguno de sus cuatro últimos discos ha conmovido a sus más antiguos seguidores, esto se retrató en el escaso protagonismo que tuvieron en el concierto, más allá del “Vinagre y Rosas” que toca vender. A mitad de noche subió al escenario a los “Rolling Stones del Sur de Madrid“, Pereza. “Tiramisú de limón” fue de lo más coreado por unos, y resultó francamente bochornoso para otros. El poeta de las noches eternas siempre fue dado a las malas compañías, pero hasta la fecha éstas se suponían exclusivamente nocturnas y etílicas, no musicales. El “perechazo” se salvó con una traca final de dardos infalibles. “Noches de Boda”, “La del Pirata Cojo”, “Nos dieron las diez” dejaron un buen sabor de boca en la despedida de Sabina de las grandes plazas.
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ESTOY DE ACUERDO CON LA CRITICA, BIEN LOS CLASICOS Y LO DEMAS DEJO BASTANTE FRIO AL PERSONAL, AUNQUE LAS CANCIONES BUENAS DE SABINA SIGUEN SIENDO DE LO MEJOR DE LA MUSICA ESPAÑOLA, UNA NOCHE BONITA ESO SI, LO DE PEREZA NO TIENE NOMBRE…
pues a mi me encanto, era la priemera vez que le veia y estuvo genial